Sin embargo, todavía existen algunas almas puras que tienen la facultad de salirse del guión y mirar más allá de las bambalinas. Aquellas que inspirarán otras grandes obras con un poquito menos de idiotez. Esas, que son las llamadas imprescindibles y que saben encontrar Pruevas de Fe por todos los rincones de la ciudad. Ese entramado de relaciones (personales, económicas, políticas, sociales y culturales) que desprenden un hedor putrefacto y que esta destinado a desaparecer para dejar paso a una nueva energía renovadora que se esta gestando y que prenderá en los corazones y mentes de estas nuevas generaciones que poblamos las calles y que estamos decididos a re-imaginar el mundo como queramos que sea.
domingo 5 de julio de 2009
Pruevas de Fe
Sin embargo, todavía existen algunas almas puras que tienen la facultad de salirse del guión y mirar más allá de las bambalinas. Aquellas que inspirarán otras grandes obras con un poquito menos de idiotez. Esas, que son las llamadas imprescindibles y que saben encontrar Pruevas de Fe por todos los rincones de la ciudad. Ese entramado de relaciones (personales, económicas, políticas, sociales y culturales) que desprenden un hedor putrefacto y que esta destinado a desaparecer para dejar paso a una nueva energía renovadora que se esta gestando y que prenderá en los corazones y mentes de estas nuevas generaciones que poblamos las calles y que estamos decididos a re-imaginar el mundo como queramos que sea.
jueves 14 de mayo de 2009
El Arte de Viajar

*Articulo publicado proximamente en el siguiente numero de la revista El Blues del Metabús, del colectivo AUPAM ( Agrupació d'Usuaris/es i Profesionals al voltant de l'Autobús de la Metadona).
“Mordisqueó el pastelillo y se dijo ansiosamente: “¿Hacia donde?, poniéndose la mano en la cabeza para ver en que dirección comenzaría a cambiar. Se quedó bien sorprendida cuando comprobó que no variaba ni en un sentido ni en otro. Claro que esto no es lo que generalmente sucede cuando se comen pasteles; pero es que Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo cuanto le sucediera fuera algo tan extraordinario, que le parecía francamente una sosada y una estupidez, que la vida discurriese normalmente, como si nada.
Así pués, hincó el diente y en poco tiempo dio buena cuenta del pastelillo.”
Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.
El pasado 9 de Marzo, Juantxo Olcina y el autor de este escrito, presentaron a los compañeros/as y amigos/as del colectivo AUPAM una muestra visual fotográfica sobre la última experiencia que les llevó a viajar a la India desde Barcelona, por medios terrestres, durante más de 6 meses. La muestra tuvo como eje vertebrador, una actuación musical fantástica de Pobre Diablo de la que todavía hoy seguimos hablando en la Plaza.
El mensaje resumido de la experiencia que vivimos durante esos extraordinarios 6 meses fue el desarrollo durante el viaje de una actitud de auténticos viajeros que nos permitió avanzar por lugares desconocidos con mucha seguridad y tranquilidad.
Siempre tuvimos en cuenta que nosotros no éramos simples turistas, sino viajeros. Caminantes errabundos que, como Alicia, buscábamos la manera de seguir maravillándonos de la vida en cada instante, habiendo colgado antes de salir nuestros viejos ropajes como prejuicios, estereotipos, miedos, etc. y dando prioridad a otras facultades como la observación, la paciencia, el respeto y la solidaridad.
Así, de esta manera fuimos atravesando pueblos y fronteras, mares y desiertos, mentes y corazones. La aventura comenzó en la bella Italia, con sus históricos museos y magnánimas obras arquitectónicas aquí y allá, convirtiendo ciudades y pueblos en auténticos museos al aire libre. De allí los ferrys no llevaron a Grecia y a sus preciosas islas del Egeo desde donde llegamos a Turquía. Entre Europa y Asia, entre Oriente y Occidente pasamos unos días inolvidables visitando mezquitas sagradas y exuberantes bazares. Allí nos sorprendió el Primero de Mayo con las protestas populares de estudiantes y trabajadores así como la represión policial y la necedad de sus políticos. En Georgia hicimos buenas amistades y fuimos calurosamente acogidos. Tocamos en bares elegantes y nos deleitamos con sus sabrosos hajapuris. En Azerbaiyán conocimos lugares fantásticos bajo la cordillera del Cáucaso. Una vez en Uzbekistán, visitamos las ciudades más importantes de la mítica Ruta de la Seda, como Bujará y Samarcanda, y en Tashkent, nos sedujeron dos hermosas mujeres. En Kyrgystán nos esperaban maravillosas rutas a caballo a través de sus verdes montañas habitadas por caballos salvajes en libertad.
China nos mostró su lado más desconocido y oculto; Pakistán nos sorprendió con la hospitalidad y la amabilidad de su pueblo. La India nos esperaba con las feroces lluvias del monzón y hasta Dharamsala tuvimos que subir para tomar refugio. Allí asistimos a las charlas del Dalai Lama y fue donde leímos libros sobre la vida y la muerte, así como la vida de Siddharta Gautama, el último Buddha.
Viajamos hacia el norte atravesando el paisaje lunar del Ladakh y llegamos con dificultades a uno de los puntos más conflictivos del planeta, así como uno de los más bellos: Srinagar, “la Venecia de Oriente” en el Valle de Kashmir (o también conocido como el Valle Feliz).
Delhi nos mostró la cara más cruda de la India con sus atascos, contaminación, pobreza y caos urbano.
En Jaipur hicimos vida de monjes budistas en un centro de meditación durante diez días en completo silencio. Una vez finalizado nuestro retiro, diezmados por las diarreas y el anhelo de nuestros seres más queridos, decidimos poner punto “y seguido” a nuestro viaje y pensar en regresar a casa de nuevo después de seis meses de extraordinarias aventuras.
Una vez en Santa Coloma, el espíritu del viajero no permite que sea el mismo de antes. La ciudad deja de ser un lugar indiferente y anónimo donde todo sucede sobre el pavimento gris del asfalto y las calles amontonadas de unos pisos sobre otros. Ahora, en cualquier sitio (en cualquier plaza, el cualquier bar, en cualquier acera) este amigo invisible que conocí en el camino me susurra al oído que la vida esta llena de oportunidades, que nuestras opciones son ilimitadas y que nunca es tarde para demostrar el hermoso diamante que todos llevamos en nuestro interior. Nadie nos salvará. Nadie se emancipará solo. Tan sólo nos liberaremos en comunión.
Que todos los seres sean felices.
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domingo 22 de marzo de 2009
Socialismo Espiritual del Siglo XXI

Juan Díaz Guerrero no pudo evitar, tras un tiempo de maduración e interiorización sobre lo que significaban la teorías sociales revolucionarias de liberación colectivas, llegar a dar un paso más de compromiso recto y firme en el terreno de esta praxis progresista de emancipación redentora.
Tras esa firme convicción, Juan dejó de ser un sujeto pasivo y alienado, víctima de espejismos ilusorios y carnaza del mercado de consumo, para insertarse en la historia, con una clara toma de conciencia de clase y lleno de amor hacia todos los seres.
Juan Díaz Guerrero, descendiente de familia de clase trabajadora y proletaria pasó a ser el camarada Juan y mediante la militancia política en el Partido Comunista del Pueblo de Cataluña asumió su papel en la historia de la lucha de clases con el compromiso de prender fuego en el corazón de los hombres y mujeres y despertarlos del sueño profundo en el que el dios griego de los sueños, Morfeo, les tenia sometidos.
Sin embargo, a pesar de su reciente incorporación y falta de rodaje, Juan tenía muy claro que la clave del éxito de su nueva misión consistía en un nuevo salto cualitativo en las formas y contenidos de las tradiciones revolucionarias heredadas hasta el momento. Eso sí, sin por ello desvirtuar las enseñanzas más puras del pensamiento de Carlos Marx, Federico Engels y Vladimiro Lenin.
El nuevo hombre y la nueva mujer, sospechaba el Camarada Juan, surgirían de la confluencia entre las tradiciones políticas progesistas occidentales y las practicas de liberación interior orientales. Revolución exterior y revolución interior, ambas juntas e inseparables para conseguir la meta final de un nuevo salto cualitativo en la evolución de las sociedades humanas.
La revolución prendía otra vez en la historia..."
domingo 22 de febrero de 2009
Contribuciones budistas en la construcción de una sociedad justa, democrática y civil

Aqui tenemos la enseñanza de Thich Nhat Hahn en la celebración de Vesak de Naciones Unidas en Vietnam, Mayo 2008. Sin duda, un documento muy valioso que nos situa cada vez más cerca de ese lugar que resultará de la convergencia entre las tradiciones orientales de liberación interior y las practicas politicas occidentales de igualdad y justicia social. Seguimos en el camino...
"Hoy, El día de Vesak de Naciones Unidas, en su quinta edición, es una oportunidad para todos nosotros para reunirnos como una familia, como una comunidad que se nutre de la sabiduría del Buda. Permitámonos sentir la alegría de estar juntos y seamos conscientes que si sabemos cómo ser nutridos por esta fuente de gran sabiduría, podremos ser capaces de cambiar nuestra sociedad y mejorar la calidad de vida en nuestro planeta. Y podemos hacer esto cómo una comunidad.El principal tema de reflexión este año es: Contribuciones budistas en la construcción de una sociedad justa, democrática y civil. Este encuentro debería ser no sólo otra conferencia dónde ofrecemos bonitas ideas. La comprensión profunda colectiva a la que lleguemos y las decisiones que tomemos en esta reunión deberían ser puestas en práctica en nuestra vida diaria y aplicadas en nuestra sociedad. Con el continuo apoyo de la sangha, con la práctica de la plena consciencia, de la concentración y de comprensión interior, podemos compartir nuestra sabiduría, articular nuestro camino tan claramente cómo podamos y tomar el compromiso de vivir nuestra vida diaria bajo la luz de esta sabiduría cómo individuos, comunidades, pueblos, ciudades y países. Los monjes y monjas, no sólo deben aprender el Pratimoksa (código monástico), sino que también tienen que ponerlo en práctica; y los practicantes laicos no sólo deben recibir los Cinco Preceptos, sino también deben practicarlos en su vida diaria.El Manifiesto 2000 de la UNESCO por una Cultura de Paz y No Violencia fue firmado por más de setenta y cinco millones de personas, entre ellos muchos presidentes de estados, pero no lo organizamos de tal forma para que la gente que firmó tuviera apoyo para poner en práctica los seis puntos del Manifiesto.
Estar de acuerdo en que el camino es precioso no es suficiente. Tenemos que andar el camino.Todos sabemos que construir una sociedad justa, democrática y civil no puede basarse sólo en nuestro esfuerzo por hacer, tiene que basarse ante todo en nuestro esfuerzo por ser. Tenemos que cambiarnos a nosotros antes de que podamos hacer que el cambio suceda en nuestra sociedad. Ser paz es la base para construir la paz. Sin una transformación personal y una sanación no tenemos la suficiente calma y compasión para utilizar un habla amable o una escucha profunda, y nuestros esfuerzos no ayudaran a cambiar nuestra sociedad. Por esto, nuestra práctica personaly la práctica de nuestra Sangha son esenciales para el cambio que queremos ver en el mundo.
Guerra, Conflicto y Sanación.
Las raíces de la guerra y el conflicto están en nosotros. Hay aflicciones dentro de nosotros que tienen que ser reconocidas, abrazadas y transformadas: ira, odio, discriminación, orgullo, desesperanza. La práctica es mirar profundamente hacia sus raíces, para comprender y aprender cómo transformarlas. Necesitamos escuchar nuestro propio sufrimiento y el sufrimiento de nuestra familia, comunidad y nación. Deberíamos ser capaces de ayudarnos mutuamente en la tarea de reconocer que estas aflicciones están ahí en cada uno de nosotros y que hemos vivido de tal forma que ha permitido que estas aflicciones crezcan. Y cada uno de nosotros tiene que hacer el compromiso de no regar las semillas las semillas de violencia, odio, discriminación y desesperanza que hay en nosotros. En nuestras relaciones, ya sea con nuestra pareja, con nuestros padres, madres, hijos, hijas, hermanos y hermanas, deberíamos ser capaces de ayudarnos mutuamente en la práctica, siempre aprendiendo a escucharnos mutuamente con compasión, siempre usando un habla amable para ayudarnos a reconocer nuestras aflicciones.
Deberíamos utilizar un habla amable para regar las semillas de comprensión, compasión, alegría, y hermandad que son inherentes en la otra persona. Deberíamos ayudarnos mutuamente para sanar en el contexto de nuestras relaciones personales, antes de que esperemos ayudar a sanar la Humanidad o la Tierra. La sanación es posible con cada respiración, con cada paso, con cada pensamiento, con cada palabra y con el simple acto de sonreír a alguien.
Contribución budista a la justicia social.
El Manifiesto 2000 de la UNESCO, con sus seis puntos es equivalente a la práctica de los Cinco Entrenamientos de la Plena Consciencia (Cinco Preceptos). Ambos, los seis puntos y los Cinco Entrenamientos tratan el tema de la paz y la justicia social a un nivel muy fundamental. En la tradición budista, después de haber recibido los Cinco Entrenamientos, se tienen que recitar cada dos semanas y participar en sesiones de estudio y coloquios del Dharma para profundizar más en su significado y encontrar mejores formas de aplicarlos en la vida diaria, tanto en la familia como en la sociedad. Los Cinco Entrenamientos de la Plena Consciencia nos ayudan a vivir de una forma más sencilla, para que podamos tener más tiempo y energía para proteger la vida y ayudar a aquellos que se encuentran en verdadera necesidad. Es posible ser felices viviendo de una forma sencilla, con tiempo para cuidar de nosotros mismos, nuestra familia y aquellos que sufren, a la vez que promover más justicia social. Muchos de nosotros perseguimos fama, poder, sexo, riquezas durante toda nuestra vida, pero la gente que tiene en abundancia de éstas cuatro cosas continúa sufriendo mucho si no tienen comprensión y amor.Cuando practicamos el segundo entrenamiento, la generosidad, el ofrecer nuestro tiempo, energía y recursos materiales a aquellos con necesidades reales, nuestra vida cobra significado y plenitud. Hay muchos caminos con los que el Budismo y la práctica de los Cinco Entrenamientos pueden traer más justicia y compasión a la sociedad. Si dentro de nosotros tenemos plena consciencia, compasión y comprensión, de una forma natural, actuaremos de una forma que se produzca una sanación en nuestras relaciones, nuestra comunidad y nuestra sociedad. Deberíamos estar despiertos a situaciones de injusticia, cómo la desigualdad de género y la exclusión de la mujer, la opresión de minorías, la explotación de los niños y los pobres. Hay muchas formas a través de las cuales podemos levantar nuestra voz sobre la injusticia y llevar la atención a los que no tienen voz y a los que sufren. Podemos organizar marchas por la paz, dónde cada paso sea pacífico. Esto no es una manifestación o una protesta, sino una verdadera demostración de la paz, de hermandad. Podemos escribir cartas de amor a nuestros representantes políticos. Nuestra sangha de Plum Village ha ofrecido retiros de plena consciencia a miembros del congreso, agentes de policía, artistas de la industria de cine, ecologistas, psicoterapeutas, lideres empresariales, así cómo a israelíes y palestinos. Los Cinco Entrenamientos de la Plena Consciencia Budistas y los seis puntos del Manifiesto 2000 son la verdadera práctica de comprensión y amor. Son el camino hacia una sociedad justa.
Budismo comprometido y desarrollo
El Budismo Comprometido es el en primer lugar, el tipo de Budismo que se practica a lo largo de todo el día sin interrupción, viviendo en plena consciencia y concentración, al caminar, al ir en bici, al conducir, al cocinar, al ir al servicio, etc. El Budismo Comprometido es también nuestra práctica de los Cinco Entrenamientos de la Plena Consciencia dentro de nuestro ambiente social. Practicamos la comprensión y el amor en nuestra familia, escuela, lugar de trabajo, hospital, prisión, fábrica, complejo militar, pleno del ayuntamiento y asiento de diputado. No necesitamos usar términos budistas para llevar la práctica a nuestra vida diaria. La presencia de la plena consciencia, concentración y sabiduría interior, el espíritu de interser, no discriminación, comprensión y compasión es la misma presencia del Budismo. No necesitamos convertir a la gente al Budismo, pero podemos inspirarles para vivir y trabajar de acuerdo con este noble sendero. Podemos encontrar felicidad en el desarrollo de la comprensión y la compasión. Nuestro índice para medir la felicidad, el éxito y el progreso de nuestra nación no puede ser el Producto Interior Bruto, o nuestro poder de consumo, sino más bien nuestro nivel de comprensión y compasión. Las cuatro Bramaviharas (bondad, compasión, alegría y ecuanimidad) son las energías ilimitadas que se pueden desarrollar para nuestra felicidad y la del mundo. Nunca podemos tener demasiado de estas energías. Practicando una producción consciente y un consumo consciente (el quinto Entrenamiento de la Plena Consciencia) garantizamos que siempre seguiremos el camino del desarrollo sostenible. La verdadera felicidad debería ser la base de nuestras políticas de producción, consumo y desarrollo. Nuestra sabiduría es interser, la Visión Correcta Budista del mundo, que dice que todo depende de todo para manifestarse. Si otras especies no pueden sobrevivir, los humanos no van a sobrevivir tampoco. Proteger el medio ambiente es protegernos a nosotros mismo. No somos sólo nuestro cuerpo y nuestra mente, somos también nuestro entorno. Nuestro medio ambiente es la retribución de nuestras acciones colectivas (Karma). Viviendo de una forma más sencilla, desarrollando comprensión y amor, cuidando de nuestro medio ambiente, comprometiéndonos juntos con el desarrollo sostenible, esto es seguir el sendero del Buda.
La respuesta budista al cambio climático.
La quema de combustibles fósiles y la tala de bosques para ir en búsqueda de recursos para nuestros medios de transporte, así como nuestro consumo de carne y productos lácteos, son las principales causas del calentamiento global. De acuerdo con un estudio de las Naciones Unidas publicado en 2007, la solución es reducir la producción de carne en un 50% y conducir coches que utilicen un combustible más limpio y sólo cuando sea necesario. Muchos budistas no comen carne. Reducir o completamente dejar de consumir carne o alcohol no es demasiado difícil de hacer. La gente que realmente esta despierta a la gravedad de la situación debería tomar acciones determinadas inmediatamente. Podemos practicar un día sin coche o un día sin motocicleta cada semana. Podemos usar un coche híbrido. Podemos transformar nuestro coche para que utilice aceite vegetal. Podemos ir en bici a nuestro lugar de trabajo o estudio. Podemos disfrutar de la deliciosa comida vegetariana o vegana. Hay muchas cosas que podemos hacer ahora mismo para salvar nuestro planeta. Nuestra civilización se auto-destruirá si no despertamos a tiempo. Problemas familiares y la respuesta budista.El regalo de mayor valor que pueden hacer los padres a sus hijos es su propia felicidad. Es esencial que los padres y madres tengan tiempo para cuidarse mutuamente y a sus hijos, sin permitir que el trabajo u otros proyectos dominen sus vidas. Vivir una vida sencilla es la respuesta, porque dejamos de codiciar la fama, el dinero y el éxito e invertimos en lo que es más importante, nuestra paz y felicidad y las de nuestra familia y comunidad. La práctica de la escucha profunda y la bondad amorosa preserva y restaura la comunicación. Los niños aprenden naturalmente cómo amar y cuidarse observando a sus padres. Si los padres fuman y beben alcohol, los niños también acabarán haciéndolo. Los Cinco Entrenamientos de la Plena Conciencia deben ser la norma moral de la vida familiar. Ir al templo cada dos semanas para recitar los Cinco Entrenamientos es una costumbre que sigue viva en muchos países budistas. La familia es la tierra en la que los niños echan sus raíces. Sin la práctica de Volver a Empezar, la práctica de regar las semillas positivas del otro, sin practicar la escucha profunda y el habla amorosa, una pareja no puede nutrir sus amor y mantener viva su comunicación. Con la práctica de la plena conciencia, es posible lograr la transformación y la sanación y los padres pueden evitar los divorcios y el distanciamiento de los hijos. Educación budista: continuidad y progreso
El estudio del budismo se ha convertido actualmente en una materia excesivamente teórica. Podemos tener un doctorado en budismo sin saber cómo transformar nuestro propio sufrimiento y aflicciones. No tenemos la capacidad de construir una sangha, reconciliar los conflictos en nuestra familia o comunidad, practicando los cinco entrenamientos, la concentración y la visión profunda. Hoy en día nuestro conocimiento del budismo sólo nos habilita para escribir libros sobre budismo o para dar cursos. Debemos reorganizar nuestros estudios budistas y convertir nuestras instituciones académicas para que sean a la vez centros de práctica. Los maestros y los estudiantes deben practicar juntos y los maestros deben haber experimentado vivencialmente la transformación y la sanación para que se les permita enseñar. Organicemos instituciones de Budismo Aplicado e impartamos cursos y prácticas orientadas a la transformación y la sanación. En los colegios, los niños deberían tener la oportunidad de aprender cómo abordar su ira y violencia interiores, cómo escuchar con compasión y cómo practicar el habla amorosa. La instrucción cívica y la ética budista deben enseñarse de tal forma que puedan ser practicadas hasta por los niños pequeños.
El budismo en la era digital
Esta era digital ha dado acceso al Dharma a tanta gente. Se puede disfrutar de enseñanzas, de discusión o incluso de una sesión de meditación con un Maestro y una Sangha estando sentados en casa a muchos kilómetros del Maestro y la Sangha. Es posible beneficiarse de la energía de la Sangha aunque medien grandes distancias. Es posible descargar materiales para aprender sobre el Dharma. Pero nada puede sustituir la íntima relación que existe entre Maestro y discípulo, entre la Sangha y sus miembros. La práctica de construir una Sangha, cara a cara, es un proceso esencial. Construir una Sangha requiere escuchar profundamente, hablar con amor, comprender, amar y apoyar. Una Sangha por correspondencia no es suficiente. Una Sangha que practica bien siempre lleva en su seno el Buda viviente y el Dharma viviente. Por lo tanto, es vital que aprendamos a construir una Sangha fuerte. Una buena Sangha puede ser refugio para muchas personas. En nuestras instituciones budistas, la construcción de Sanghas debe ser una materia troncal del aprendizaje y la formación.
Es también muy importante modernizar y actualizar nuestras tradiciones para que se mantengan relevantes para las personas de nuestro tiempo. Internet y las tecnologías actuales pueden ser un medio hábil para transmitir las enseñanzas del Buda y aliviar el sufrimiento. Podemos descargar un programa y configurarlo para que suene una campana cada media hora, o cada hora, ayudándonos a parar y respirar y recobrar la plena conciencia. Internet está facilitando el acceso al Dharma a muchísima gente, y esto es crucial, especialmente para los jóvenes. Es también necesario que apliquemos la sabiduría de la tradición Budista para protegernos de los peligros de la tecnología. En nuestra versión revisada de la Pratimoksa, los monjes ahora tienen preceptos que prescriben navegar la red en compañía de otra persona, evitando así ser arrastrados por contenidos inadecuados.
Buda nos ofreció una herramienta diagnóstica excelente en forma de las Cuatro Nobles Verdades: el malestar, las raíces del malestar, la cesación del malestar y la práctica de excisión del malestar. El budismo debe practicarse a la luz de las Cuatro Nobles Verdades para que podamos gozar de la transformación y la sanación que necesitamos en el aquí y en el ahora, no más tarde, en otro mundo. Somos muy buenos presentando las teorías budistas, pero no se nos da tan bien aplicar esas bellas enseñanazas en el momento presente. Esta práctica - el Dharma viviente - debe ser maravilloso en el aquí y el ahora. En este encuentro de Vesak, aprovechemos la oportunidad para compartir nuestra visión profunda y nuestro despertar, comprometámonos a vivir nuestra vida diaria a la luz de esta visión profunda y despertar y apoyémonos para vivir así. La contribución budista a la construcción de una sociedad civil justa y democrática debe constatarse en nuestra práctica, en nuestra vida diaria. Con nuestra conciencia, con nuestro despertar, con nuestro compromiso, podemos ser el cambio que deseamos ver en nuestra sociedad.
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Escritos y Reflexiones
sábado 6 de diciembre de 2008
Conversaciones
Has regresado a casa,
y ya nada es igual.
¡Ingenuo! pensabas
que los senderos del mundo
te dejarían igual!
"Marché, hace algún tiempo", piensas,
pero no sabes
que marchas constantemente.
Admiro tu coraje y tu valentía
de no felicitarte nunca
de llegar a ningún sitio.
Siempre te sientes capaz
de llegar mas lejos, o mas cerca.
Mas sabes muy bien
que cada vez, las dificultades
serán mas grandes, mas difíciles.
y también tendrán que serlo
tus limpias y rectas capacidades
para superarlas.
Ya nada será como antes.
Eres el mismo,
pero ya no eres.
Tu corazón esta ahora, también,
en el corazón de los demás:
en cada esquina oscura,
en cada chuta,
en las calles abandonadas,
en las luchas organizadas,
en los ninguneados.
La ciudad ya no representa
para ti un obstáculo.
Donde antes había cemento,
suciedad y porquería,
ahora hay luz,
oportunidades
y esperanza.
Tu alma cabalga
junto a los desharrapados de la ciudad
y vislumbra
la salvación redentora.
Pero siempre
con los pies en el suelo.
Caminando descalzo,
libre de pesados ropajes.
Llegó el momento
de salir del escondite
de mostrar el diamante
de mostrar el diamante
que lleváis dentro,
que llevamos dentro.
A vosotros os lo digo,
hijos de todos y de nadie.
Llego el momento
que el árbol comience
a dar sus frutos y ya no habrá
invierno que lo impida.
viernes 26 de septiembre de 2008
Vuelta a casa (fin de la 1ª parte)
Sí, finalmente decidi que ya iba siendo momento de regresar y hacer justo lo que no queria nunca Fidel Castro: Dar un paso atrás para tomar impulso. Después de casi 6 meses de viaje a través de Europa y Asia Central hasta llegar a India por medios terrestres, la Odissea terminó con inmensa satisfacción.
Cierto es que he encontrado decenas de viajeros y vagabundos en lugares increíbles y rodando de maneras distintas. Algunos de ellos (o ellas) viajaban solos o acompañados (¡por fin puedo escribir con la ñ!) y otros lo hacían por meses e incluso años. Una vez me encontré con un norteamericano en Azerbaijan de 65 años que viajaba solo para llegar a las playas de Goa (India) y pasar una temporada con "chicas fáciles". Otros viajaban en moto y bicicleta, andando o en autobús. Algunos hasta llevaban años viajando.
Pero eso no puede pasarme a mi. Sabia muy bien que si volvía antes de diciembre, seria por las ganas de ver a la familia y amigos. Una de las lecciones que aprendí durante este largo viaje, ha sido darme cuenta de la suerte de tener una familia tan maravillosa como la que tengo. Luego viene todo lo demás: inquietudes sociales, culturales, espirituales ( la ciencia del alma), etc.; pero el amor de la gente que te quiere es muy poderoso cuando estas a miles de kilómetros de casa durante casi 200 jornadas de aventura.
También he de reconocer que la naturaleza del viaje cambió tras el regreso repentino de mi camarada de aventuras Juantxo "karaoke" Olcina desde que salimos de Barcelona en el mes de Abril. La música y los conciertos repentinos en lugares inimaginables (como puestos militares fronterizos) dejaron un notable vacío en mi alma y mis armónicas se murieron de aburrimiento.
De todas formas, mi intención de llegar hasta Papúa Nueva Guinea, allí donde termina tierra Firme, sigue ahí, robusta y firme, y espero poder reunir las condiciones necesarias muy pronto otra vez para continuar otro camino del corazón.
Pronto escribiré algunas de las conclusiones más destacables de este viaje tan enriquecedor, para compartirlas con vosotros y vosotras.
Grácias por estar ahí y ser testigos de mis vivencias.
Que todos los seres sean felices.
lunes 15 de septiembre de 2008
El Arte de Vivir

Estos dias me encuentro en la de ciudad india de Jaipur (Rajastan) tras tras haber dejado atras Srinagar y Nueva Delhi. A veces pienso que instrumentos como estos en internet no sirven para nada, pues por muy buen escritor que se sea (no es mi caso), jamas podria contaros la experiencia tan intensa de estos dias y, como no, la de los sitios y gentes de donde vengo.
Hoy mismo regreso a la ciudad despues de haber estado mas de 10 dias en el centro de meditacion Vipassana Dhamma Thali, a penas 2 km del Templo de Galta o tambien conocido como el Templo de los Monos. De nuevo pude experimentar (en el marco del cuerpo) las leyes que rigen la Naturaleza mediante el camino o ensenanza (Dhamma) que trazo el mayor cientifico de todos los tiempos, Siddhattha Gautama (o tambien conocido como el Buddha) en la India hace 25 siglos.
De esta manera, lleno de paz, amor y buenos deseos (conmigo mismo y hacia todos los seres) aprovecho la ocasion para filtrar un texto interesante escrito por S. N. Goenka sobre el Arte de Vivir esperando que algun dia cada vez mas gente experimentemos los beneficios del Dhamma y salgamos de la miseria y la desdicha en la que nos encontramos la Gran Familia de seres humanos que habitamos este hermoso planeta.
El Arte de Vivir:
Todos buscamos la paz y la armonía, porque carecemos de ellas. De vez en cuando todos experimentamos agitación, irritación, falta de armonía, sufrimiento; y cuando padecemos la agitación, no guardamos esta miseria limitada en nosotros, sino que continuamente la distribuimos a los demás. Una persona desdichada impregna el ambiente que le rodea de agitación, y quienes estén cerca de ella también se alteran, se irritan. Ciertamente, ésta no es la manera adecuada de vivir.
Tenemos que vivir en paz con nosotros mismos y en paz con los demás porque, en definitiva, los seres humanos somos seres sociales que vivimos dentro de una sociedad interrelacionada. ¿Pero como vivir en la paz y armonía internas, y mantenerlas para que los demás puedan también vivir en paz y armonía?
Para poder librarnos de nuestra agitación, tenemos que conocer la razón básica de la misma, la causa del sufrimiento. Al investigar este problema, nos damos cuenta que nos sentimos agitados en cuanto generamos negatividades o contaminaciones en la mente. La negatividad, la contaminación o la impureza mental, no pueden coexistir con la paz y la armonía.
¿Cómo empezamos a generar negatividades? También ahora nos damos cuenta, al investigar, de que nos sentimos desdichados cuando estamos con alguien que se comporta de una manera que no nos gusta o cuando sucede algo que nos desagrada. Cuando ocurre algo que no deseamos, surge tensión en nuestro interior y también surge cuando no ocurre o existen obstáculos para que se cumpla algo que deseamos, y con todo ello empezamos a atar nudos en nuestro interior. Y como durante toda la vida van a suceder cosas que no queremos y las queridas puede que sucedan o puede que no sucedan, no cesamos en este proceso de reacción de atar nudos - nudos gordianos - que hacen que toda la estructura física y mental esté en tensión, llena de negatividades, convirtiendo nuestra vida en continua desdicha.
Una manera de resolver este problema sería arreglárnoslas para que en nuestra vida no ocurra nada no deseado, para que todo sea tal como deseamos. Para lograrlo deberíamos desarrollar en nosotros mismos el poder o bien conseguir que venga en nuestra ayuda alguien que lo tenga, para que las cosas no deseadas no sucedan y solo sucedan las cosas deseadas. Pero eso es imposible. No existe nadie en el mundo que pueda satisfacer todos sus deseos, en cuya vida todo transcurra como quiere, sin que pase algo no deseado. Constantemente ocurren cosas que van en contra de nuestros deseos y querencias, de ahí la pregunta oportuna: ¿Cómo podemos dejar de reaccionar ciegamente cuando debamos enfrentarnos a situaciones que no nos gustan? ¿Cómo podemos dejar de generar tensión y permanecer llenos de paz y de armonía?
Tanto en la India como en otros países hubo personas santas y sabias que estudiaron este problema - el problema del sufrimiento humano -, y encontraron una solución: cuando ocurre algo no deseado y empezamos a reaccionar con ira, miedo o cualquier negatividad, hay que dirigir lo antes posible la atención a cualquier otra cosa, por ejemplo te levantas, coges un vaso de agua y empiezas a beber; de esta manera la ira no solo no se multiplicará sino que empezara a disminuir: O empiezas a contar: uno, dos, tres, cuatro... O repites una palabra, o una frase, o un mantra, o quizá el nombre de una persona santa hacia la que sientas devoción. Así desviamos la mente y hasta cierto punto nos liberamos de la negatividad, de la ira.
Esta solución era útil, funcionaba y aun funciona; practicándola, la mente se siente libre de agitación. No obstante solo funciona en el nivel de la mente consciente porque lo que de hecho hacemos al desviar la atención es empujar la negatividad a lo mas profundo del inconsciente donde sigues generándola y multiplicándola. Hay paz y armonía en la superficie, pero en las profundidades de la mente hay un volcán dormido de negatividad reprimida que antes o después entrará en erupción con una gran explosión.
Hubo otros exploradores de la verdad interna que llegaron algo más allá en su búsqueda, y que tras experimentar en su interior la realidad de la mente y de la materia se dieron cuenta de que desviar la atención es solo huir del problema. Escapar no es una solución, hay que enfrentarse al problema; cuando surja una negatividad en la mente, obsérvala, hazle frente y tan pronto como empieces a observar la contaminación mental, empezará a perder fuerza y poco a poco se irá marchitando y podrá ser arrancada de raíz.
Es una buena solución que evita los dos extremos: represión y dar rienda suelta. Enterrar la negatividad en el inconsciente no la erradicará y permitirle manifestarse con un acto físico o verbal dañino solo creará más problemas. Pero si te limitas a observarla, la contaminación desaparece y habrás erradicado esa negatividad, estarás libre de esa contaminación.
Esto suena muy bien, pero ¿es practicable en la realidad? ¿Resulta fácil para una persona corriente enfrentarse a las contaminaciones? Cuando surge la ira, nos coge tan de sorpresa que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Arrastrados por la ira cometemos actos físicos o mentales que nos dañan a nosotros y a los demás. Poco después, al desaparecer la ira, empezamos a llorar y a arrepentirnos, pidiendo perdón a los demás o pidiendo perdón a Dios: "Oh, he hecho un error, perdóname". Pero la próxima vez que nos encontremos en una situación semejante volveremos a reaccionar igual. Este arrepentimiento no nos habrá servido para nada.
La dificultad estriba en que no somos conscientes del momento en el que comienza esta contaminación. Empieza en las profundidades de la mente inconsciente y cuando llega al consciente ha tomado tal fuerza que nos arrastra y no podemos observarla.
Supongamos por un momento que empleo un secretario privado para que me avise cuando surja la ira diciéndome: "Mire, va a aparecer la ira". Pero como no sé cuando va a surgir la ira tengo que emplear tres secretarios haciendo tres turnos que cubran las veinticuatro horas del día. Supongamos que puedo mantener ese gasto y aparece la ira. Inmediatamente mi secretario diría: "Mire, la ira ha comenzado". Lo primero que haría sería darle una mala contestación: "¿ Eres tonto, crees que te pago para que me lleves la contraria?". La ira me arrastraría de tal forma que un buen consejo no podría ayudarme.
Supongamos que prevalezca la sabiduría y que no le regaño sino que le digo: "Muchas gracias, ahora debo sentarme y observar mi ira". Pero, ¿acaso es eso posible? Nada más cerrar los ojos para observar la ira, y el objeto de mi ira, ya sea una persona o un incidente, surge de inmediato en mi mente y ya no observo la propia ira sino meramente el estímulo externo de aquella emoción, lo cual, sólo conducirá a la multiplicación de la ira y por tanto, no es una solución. Es muy difícil observar una negatividad abstracta, una emoción abstracta divorciada del objeto exterior que la originó.
Sin embargo, hubo alguien que habiendo llegado a la verdad última encontró una solución auténtica. Descubrió que al surgir una contaminación en la mente ocurren dos cosas simultáneamente al nivel físico: la respiración pierde su ritmo normal, - es fácil observar que respiramos más fuerte cuando surge una negatividad - y en niveles más sutiles se inicia en el cuerpo una reacción bioquímica que da lugar a una sensación. Todas las contaminaciones generan algún tipo de sensación en el cuerpo.
Esto nos ofrece una solución practica: una persona corriente no puede observar las contaminaciones abstractas: miedo, ira o pasión, pero con un adiestramiento adecuado y practicando es fácil observar la respiración y las sensaciones del cuerpo, y ambas están relacionas directamente con las contaminaciones mentales.
La respiración y las sensaciones ayudan de dos formas: primero se comportaran como secretarios privados y en cuanto surja una impureza la respiración dejará de ser normal y empezara a gritarnos: "¡Algo va mal!". Y como no podemos regañar a la respiración tenemos que aceptar el aviso. De igual forma también las sensaciones nos dirán que algo va mal. Tras habernos avisado podemos empezar a observar la respiración, a observar las sensaciones y nos daremos cuenta de que la impureza desaparece enseguida.
Este fenómeno físico - mental es como una moneda, en una cara están los pensamientos y las emociones que surgen en la mente y en la otra: la respiración y las sensaciones del cuerpo. Todos los pensamientos y emociones, todas las impurezas mentales que surgen se manifiestan en la respiración y en las sensaciones de ese momento. Por eso, al observar las sensaciones o la respiración estamos observando, de hecho, las contaminaciones mentales. En vez de huir del problema nos enfrentamos a la realidad tal y como es, las negatividades ya no nos arrastrarán como hicieron en el pasado y si perseveramos terminarán por desaparecer y permaneceremos felices y en paz.
De esta forma la técnica de la auto-observación nos muestra los dos aspectos de la realidad: el interno y el externo. Antes sólo mirábamos al exterior perdiendo la verdad interna; buscábamos en el exterior la causa de nuestra desgracia culpado siempre a algo o a alguien e intentábamos cambiar la realidad externa. Al ignorar la realidad interna, no comprendíamos que la causa del sufrimiento se encuentra en nuestro interior, en nuestras reacciones ciegas hacia las sensaciones agradables o desagradables.
Ahora, al adiestrarnos, podemos ver la otra cara de la moneda, podemos ser conscientes de nuestra respiración y también de lo que ocurre en nuestro interior. Sea lo que sea, respiración o sensación, aprendemos a observar sin desequilibrar la mente. Dejamos de reaccionar y de multiplicar nuestra desdicha y permitimos que las contaminaciones se manifiesten y desaparezcan.
Las negatividades se disuelven más deprisa cuanto más se practica esta técnica. Poco a poco la mente se libera de las contaminaciones y se hace pura. Una mente pura está siempre llena de amor, amor desinteresado hacia los demás, llena de compasión hacia el sufrimiento y las faltas ajenas, llena de alegría al ver los triunfos y la felicidad de otros, llena de ecuanimidad en cualquier situación.
Al llegar a este estado nuestra conducta habitual cambia, ya no es posible cometer actos físicos o verbales que puedan perturbar la paz y la felicidad ajenas. Una mente equilibrada esta llena de paz e impregna el ambiente que la rodea de paz y de armonía que también afectan a los demás ayudándoles.
Al aprender a mantenernos equilibrados haciendo frente a lo que experimentamos en nuestro interior, desarrollamos también el desapego hacia todo lo que nos deparen las situaciones externas. Pero este desapego no es escapismo o indiferencia hacia los problemas del mundo. Quienes practican Vipassana con regularidad se sensibilizan más a los sufrimientos de los demás, y hacen cuanto pueden para aliviar el sufrimiento en la forma que puedan, sin agitación, con la mente llena de amor, compasión y ecuanimidad. Aprenden la santa indiferencia, aprenden a entregarse por completo, a ocuparse totalmente de ayudar a los demás, manteniendo simultáneamente el equilibrio mental. Así permanecen llenos de paz y de felicidad mientras trabajan por la paz y la felicidad de los demás.
Esto es lo que el Buda enseñó: un arte de vivir. No fundó una religión, un "ismo", ni enseñó ritos o rituales ni ninguna fórmula vacía a quienes se acercaban a él, sino que les enseñó a observar la naturaleza tal y como es, observando la realidad interna. Debido a nuestra ignorancia reaccionamos constantemente de manera que nos dañamos o dañamos a los demás, pero cuando surge la sabiduría, - la sabiduría de observar la realidad tal y como es -, desaparece el hábito de reaccionar y cuando dejamos de reaccionar a ciegas somos capaces de realizar actos verdaderos, actos que emanan de una mente equilibrada, de una mente que ve y comprende la verdad. Un acto así, sólo puede ser positivo, creativo, capaz de ayudarnos a nosotros y a lo demás.
Por eso es necesario "conocerse a sí mismo", consejo que dan todos los sabios. Conocerse no sólo intelectualmente en el nivel de ideas y teorías, no sólo emocional o devocionalmente aceptando a ciegas lo que hemos visto u oído, tal conocimiento no es suficiente, mas bien debemos conocer la realidad a través de la experiencia. Debemos experimentar directamente la realidad de este fenómeno físico - mental, pues es lo único que nos ayudará a liberarnos de las contaminaciones, a liberarnos del sufrimiento.
Se llama meditación Vipassana a esta experiencia directa de nuestra realidad, a esta técnica de auto -observación. En el idioma que se utilizaba en la India en la época del Buda "passana" significaba ver las cosas en la forma corriente, con los ojos abiertos; pero "vipassana" es observar las cosas tal y como son, no como parecen ser. Hay que penetrar a través de la verdad aparente hasta llegar a la verdad última de la estructura mental y física. Al experimentar esta verdad aprendemos a dejar de reaccionar ciegamente, a dejar de generar contaminaciones, y de forma natural las contaminaciones antiguas van erradicándose poco a poco. Así nos liberamos de la desdicha y experimentamos la felicidad auténtica.
En un Curso de meditación Vipassana. se dan tres pasos. El primer paso es abstenerse de cualquier acto físico o verbal que pueda perturbar la paz y la armonía de los demás. No podemos liberarnos de nuestras contaminaciones mentales si continuamos realizando actos de obra o de palabra que están multiplicando estas contaminaciones. Por eso el primer paso de esta práctica es un código moral. Nos comprometemos a no matar, no robar, no tener una conducta sexual inadecuada, no mentir y no tomar intoxicantes. Al abstenerse de estos actos permitimos a la mente que se serene lo suficiente como para poder continuar.
El segundo paso es aprender a controlar nuestra mente salvaje adiestrándola para que se concentre en un único objeto: la respiración. Intentamos mantener la atención en la respiración el mayor tiempo posible. Este no es un ejercicio de respiración porque no intentamos regularla, sino que la observamos tal y como es, de forma natural, tal y como entra, tal y como sale. De esta forma aumentamos la serenidad de la mente para que no se deje arrastrar por negatividades intensas y al mismo tiempo vamos concentrándola y haciéndola más afilada, más penetrante, más capaz de trabajar internamente.
Estos dos primeros pasos, vivir con moralidad y controlar la mente son muy necesarios y beneficiosos en sí mismos pero conducen a la represión a menos que demos un tercer paso que consiste en purificar la mente de las contaminaciones, desarrollando la visión cabal de nuestra propia naturaleza. Esto es Vipassana, la experimentación de nuestra propia realidad, observando en nosotros mismos de forma sistemática y desapasionada este fenómeno de mente y materia en constante cambio que se manifiesta en sensaciones. Esta es la culminación de la enseñanza del Buda: la auto - purificación a través de la auto - observación, algo que puede ser practicado por todos y cada uno de nosotros. Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal, no un remedio sectario. Cuando sentimos ira no es una ira budista, una ira hinduista, o una ira cristiana. La ira es ira. Cuando a resultas de esta ira nos sentimos agitados, la agitación no es una agitación cristiana, judía o musulmana. La enfermedad es universal y el remedio debe ser universal.
La Vipassana es este remedio. Nadie puede objetar a un código de vida que respeta la paz y la armonía de los demás. Nadie puede objetar el desarrollo del control sobre la mente. Nadie puede objetar al desarrollo de la visión cabal de nuestra propia naturaleza para posibilitar la liberación de la mente de sus negatividades. La Vipassana es un sendero universal.
Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, uno se conoce a sí mismo directamente a través de la experiencia. Con la práctica nos liberamos de la desdicha que acarrean las contaminaciones. Partiendo de la verdad externa, burda y aparente, penetramos en la verdad última de la mente y la materia. Esto también terminan por trascenderse y se experimenta una verdad que esta más allá de la mente y la materia; más allá del tiempo y del espacio, más allá del campo condicional de la relatividad: la verdad de la liberación total de todas las contaminaciones, de todas las impurezas, de todo el sufrimiento. No importa el nombre que se de a esta verdad última, es la meta final de todos nosotros.
¡Ojalá que experimentes esta verdad última! ¡Ojalá que todos se liberen de las contaminaciones y de la desdicha! ¡Ojalá que todos gocen de una paz autentica, una paz real, una armonía real!
Tenemos que vivir en paz con nosotros mismos y en paz con los demás porque, en definitiva, los seres humanos somos seres sociales que vivimos dentro de una sociedad interrelacionada. ¿Pero como vivir en la paz y armonía internas, y mantenerlas para que los demás puedan también vivir en paz y armonía?
Para poder librarnos de nuestra agitación, tenemos que conocer la razón básica de la misma, la causa del sufrimiento. Al investigar este problema, nos damos cuenta que nos sentimos agitados en cuanto generamos negatividades o contaminaciones en la mente. La negatividad, la contaminación o la impureza mental, no pueden coexistir con la paz y la armonía.
¿Cómo empezamos a generar negatividades? También ahora nos damos cuenta, al investigar, de que nos sentimos desdichados cuando estamos con alguien que se comporta de una manera que no nos gusta o cuando sucede algo que nos desagrada. Cuando ocurre algo que no deseamos, surge tensión en nuestro interior y también surge cuando no ocurre o existen obstáculos para que se cumpla algo que deseamos, y con todo ello empezamos a atar nudos en nuestro interior. Y como durante toda la vida van a suceder cosas que no queremos y las queridas puede que sucedan o puede que no sucedan, no cesamos en este proceso de reacción de atar nudos - nudos gordianos - que hacen que toda la estructura física y mental esté en tensión, llena de negatividades, convirtiendo nuestra vida en continua desdicha.
Una manera de resolver este problema sería arreglárnoslas para que en nuestra vida no ocurra nada no deseado, para que todo sea tal como deseamos. Para lograrlo deberíamos desarrollar en nosotros mismos el poder o bien conseguir que venga en nuestra ayuda alguien que lo tenga, para que las cosas no deseadas no sucedan y solo sucedan las cosas deseadas. Pero eso es imposible. No existe nadie en el mundo que pueda satisfacer todos sus deseos, en cuya vida todo transcurra como quiere, sin que pase algo no deseado. Constantemente ocurren cosas que van en contra de nuestros deseos y querencias, de ahí la pregunta oportuna: ¿Cómo podemos dejar de reaccionar ciegamente cuando debamos enfrentarnos a situaciones que no nos gustan? ¿Cómo podemos dejar de generar tensión y permanecer llenos de paz y de armonía?
Tanto en la India como en otros países hubo personas santas y sabias que estudiaron este problema - el problema del sufrimiento humano -, y encontraron una solución: cuando ocurre algo no deseado y empezamos a reaccionar con ira, miedo o cualquier negatividad, hay que dirigir lo antes posible la atención a cualquier otra cosa, por ejemplo te levantas, coges un vaso de agua y empiezas a beber; de esta manera la ira no solo no se multiplicará sino que empezara a disminuir: O empiezas a contar: uno, dos, tres, cuatro... O repites una palabra, o una frase, o un mantra, o quizá el nombre de una persona santa hacia la que sientas devoción. Así desviamos la mente y hasta cierto punto nos liberamos de la negatividad, de la ira.
Esta solución era útil, funcionaba y aun funciona; practicándola, la mente se siente libre de agitación. No obstante solo funciona en el nivel de la mente consciente porque lo que de hecho hacemos al desviar la atención es empujar la negatividad a lo mas profundo del inconsciente donde sigues generándola y multiplicándola. Hay paz y armonía en la superficie, pero en las profundidades de la mente hay un volcán dormido de negatividad reprimida que antes o después entrará en erupción con una gran explosión.
Hubo otros exploradores de la verdad interna que llegaron algo más allá en su búsqueda, y que tras experimentar en su interior la realidad de la mente y de la materia se dieron cuenta de que desviar la atención es solo huir del problema. Escapar no es una solución, hay que enfrentarse al problema; cuando surja una negatividad en la mente, obsérvala, hazle frente y tan pronto como empieces a observar la contaminación mental, empezará a perder fuerza y poco a poco se irá marchitando y podrá ser arrancada de raíz.
Es una buena solución que evita los dos extremos: represión y dar rienda suelta. Enterrar la negatividad en el inconsciente no la erradicará y permitirle manifestarse con un acto físico o verbal dañino solo creará más problemas. Pero si te limitas a observarla, la contaminación desaparece y habrás erradicado esa negatividad, estarás libre de esa contaminación.
Esto suena muy bien, pero ¿es practicable en la realidad? ¿Resulta fácil para una persona corriente enfrentarse a las contaminaciones? Cuando surge la ira, nos coge tan de sorpresa que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Arrastrados por la ira cometemos actos físicos o mentales que nos dañan a nosotros y a los demás. Poco después, al desaparecer la ira, empezamos a llorar y a arrepentirnos, pidiendo perdón a los demás o pidiendo perdón a Dios: "Oh, he hecho un error, perdóname". Pero la próxima vez que nos encontremos en una situación semejante volveremos a reaccionar igual. Este arrepentimiento no nos habrá servido para nada.
La dificultad estriba en que no somos conscientes del momento en el que comienza esta contaminación. Empieza en las profundidades de la mente inconsciente y cuando llega al consciente ha tomado tal fuerza que nos arrastra y no podemos observarla.
Supongamos por un momento que empleo un secretario privado para que me avise cuando surja la ira diciéndome: "Mire, va a aparecer la ira". Pero como no sé cuando va a surgir la ira tengo que emplear tres secretarios haciendo tres turnos que cubran las veinticuatro horas del día. Supongamos que puedo mantener ese gasto y aparece la ira. Inmediatamente mi secretario diría: "Mire, la ira ha comenzado". Lo primero que haría sería darle una mala contestación: "¿ Eres tonto, crees que te pago para que me lleves la contraria?". La ira me arrastraría de tal forma que un buen consejo no podría ayudarme.
Supongamos que prevalezca la sabiduría y que no le regaño sino que le digo: "Muchas gracias, ahora debo sentarme y observar mi ira". Pero, ¿acaso es eso posible? Nada más cerrar los ojos para observar la ira, y el objeto de mi ira, ya sea una persona o un incidente, surge de inmediato en mi mente y ya no observo la propia ira sino meramente el estímulo externo de aquella emoción, lo cual, sólo conducirá a la multiplicación de la ira y por tanto, no es una solución. Es muy difícil observar una negatividad abstracta, una emoción abstracta divorciada del objeto exterior que la originó.
Sin embargo, hubo alguien que habiendo llegado a la verdad última encontró una solución auténtica. Descubrió que al surgir una contaminación en la mente ocurren dos cosas simultáneamente al nivel físico: la respiración pierde su ritmo normal, - es fácil observar que respiramos más fuerte cuando surge una negatividad - y en niveles más sutiles se inicia en el cuerpo una reacción bioquímica que da lugar a una sensación. Todas las contaminaciones generan algún tipo de sensación en el cuerpo.
Esto nos ofrece una solución practica: una persona corriente no puede observar las contaminaciones abstractas: miedo, ira o pasión, pero con un adiestramiento adecuado y practicando es fácil observar la respiración y las sensaciones del cuerpo, y ambas están relacionas directamente con las contaminaciones mentales.
La respiración y las sensaciones ayudan de dos formas: primero se comportaran como secretarios privados y en cuanto surja una impureza la respiración dejará de ser normal y empezara a gritarnos: "¡Algo va mal!". Y como no podemos regañar a la respiración tenemos que aceptar el aviso. De igual forma también las sensaciones nos dirán que algo va mal. Tras habernos avisado podemos empezar a observar la respiración, a observar las sensaciones y nos daremos cuenta de que la impureza desaparece enseguida.
Este fenómeno físico - mental es como una moneda, en una cara están los pensamientos y las emociones que surgen en la mente y en la otra: la respiración y las sensaciones del cuerpo. Todos los pensamientos y emociones, todas las impurezas mentales que surgen se manifiestan en la respiración y en las sensaciones de ese momento. Por eso, al observar las sensaciones o la respiración estamos observando, de hecho, las contaminaciones mentales. En vez de huir del problema nos enfrentamos a la realidad tal y como es, las negatividades ya no nos arrastrarán como hicieron en el pasado y si perseveramos terminarán por desaparecer y permaneceremos felices y en paz.

De esta forma la técnica de la auto-observación nos muestra los dos aspectos de la realidad: el interno y el externo. Antes sólo mirábamos al exterior perdiendo la verdad interna; buscábamos en el exterior la causa de nuestra desgracia culpado siempre a algo o a alguien e intentábamos cambiar la realidad externa. Al ignorar la realidad interna, no comprendíamos que la causa del sufrimiento se encuentra en nuestro interior, en nuestras reacciones ciegas hacia las sensaciones agradables o desagradables.
Ahora, al adiestrarnos, podemos ver la otra cara de la moneda, podemos ser conscientes de nuestra respiración y también de lo que ocurre en nuestro interior. Sea lo que sea, respiración o sensación, aprendemos a observar sin desequilibrar la mente. Dejamos de reaccionar y de multiplicar nuestra desdicha y permitimos que las contaminaciones se manifiesten y desaparezcan.
Las negatividades se disuelven más deprisa cuanto más se practica esta técnica. Poco a poco la mente se libera de las contaminaciones y se hace pura. Una mente pura está siempre llena de amor, amor desinteresado hacia los demás, llena de compasión hacia el sufrimiento y las faltas ajenas, llena de alegría al ver los triunfos y la felicidad de otros, llena de ecuanimidad en cualquier situación.
Al llegar a este estado nuestra conducta habitual cambia, ya no es posible cometer actos físicos o verbales que puedan perturbar la paz y la felicidad ajenas. Una mente equilibrada esta llena de paz e impregna el ambiente que la rodea de paz y de armonía que también afectan a los demás ayudándoles.
Al aprender a mantenernos equilibrados haciendo frente a lo que experimentamos en nuestro interior, desarrollamos también el desapego hacia todo lo que nos deparen las situaciones externas. Pero este desapego no es escapismo o indiferencia hacia los problemas del mundo. Quienes practican Vipassana con regularidad se sensibilizan más a los sufrimientos de los demás, y hacen cuanto pueden para aliviar el sufrimiento en la forma que puedan, sin agitación, con la mente llena de amor, compasión y ecuanimidad. Aprenden la santa indiferencia, aprenden a entregarse por completo, a ocuparse totalmente de ayudar a los demás, manteniendo simultáneamente el equilibrio mental. Así permanecen llenos de paz y de felicidad mientras trabajan por la paz y la felicidad de los demás.
Esto es lo que el Buda enseñó: un arte de vivir. No fundó una religión, un "ismo", ni enseñó ritos o rituales ni ninguna fórmula vacía a quienes se acercaban a él, sino que les enseñó a observar la naturaleza tal y como es, observando la realidad interna. Debido a nuestra ignorancia reaccionamos constantemente de manera que nos dañamos o dañamos a los demás, pero cuando surge la sabiduría, - la sabiduría de observar la realidad tal y como es -, desaparece el hábito de reaccionar y cuando dejamos de reaccionar a ciegas somos capaces de realizar actos verdaderos, actos que emanan de una mente equilibrada, de una mente que ve y comprende la verdad. Un acto así, sólo puede ser positivo, creativo, capaz de ayudarnos a nosotros y a lo demás.
Por eso es necesario "conocerse a sí mismo", consejo que dan todos los sabios. Conocerse no sólo intelectualmente en el nivel de ideas y teorías, no sólo emocional o devocionalmente aceptando a ciegas lo que hemos visto u oído, tal conocimiento no es suficiente, mas bien debemos conocer la realidad a través de la experiencia. Debemos experimentar directamente la realidad de este fenómeno físico - mental, pues es lo único que nos ayudará a liberarnos de las contaminaciones, a liberarnos del sufrimiento.
Se llama meditación Vipassana a esta experiencia directa de nuestra realidad, a esta técnica de auto -observación. En el idioma que se utilizaba en la India en la época del Buda "passana" significaba ver las cosas en la forma corriente, con los ojos abiertos; pero "vipassana" es observar las cosas tal y como son, no como parecen ser. Hay que penetrar a través de la verdad aparente hasta llegar a la verdad última de la estructura mental y física. Al experimentar esta verdad aprendemos a dejar de reaccionar ciegamente, a dejar de generar contaminaciones, y de forma natural las contaminaciones antiguas van erradicándose poco a poco. Así nos liberamos de la desdicha y experimentamos la felicidad auténtica.
En un Curso de meditación Vipassana. se dan tres pasos. El primer paso es abstenerse de cualquier acto físico o verbal que pueda perturbar la paz y la armonía de los demás. No podemos liberarnos de nuestras contaminaciones mentales si continuamos realizando actos de obra o de palabra que están multiplicando estas contaminaciones. Por eso el primer paso de esta práctica es un código moral. Nos comprometemos a no matar, no robar, no tener una conducta sexual inadecuada, no mentir y no tomar intoxicantes. Al abstenerse de estos actos permitimos a la mente que se serene lo suficiente como para poder continuar.
El segundo paso es aprender a controlar nuestra mente salvaje adiestrándola para que se concentre en un único objeto: la respiración. Intentamos mantener la atención en la respiración el mayor tiempo posible. Este no es un ejercicio de respiración porque no intentamos regularla, sino que la observamos tal y como es, de forma natural, tal y como entra, tal y como sale. De esta forma aumentamos la serenidad de la mente para que no se deje arrastrar por negatividades intensas y al mismo tiempo vamos concentrándola y haciéndola más afilada, más penetrante, más capaz de trabajar internamente.
Estos dos primeros pasos, vivir con moralidad y controlar la mente son muy necesarios y beneficiosos en sí mismos pero conducen a la represión a menos que demos un tercer paso que consiste en purificar la mente de las contaminaciones, desarrollando la visión cabal de nuestra propia naturaleza. Esto es Vipassana, la experimentación de nuestra propia realidad, observando en nosotros mismos de forma sistemática y desapasionada este fenómeno de mente y materia en constante cambio que se manifiesta en sensaciones. Esta es la culminación de la enseñanza del Buda: la auto - purificación a través de la auto - observación, algo que puede ser practicado por todos y cada uno de nosotros. Todos nos enfrentamos al problema del sufrimiento, es una enfermedad universal que requiere un remedio universal, no un remedio sectario. Cuando sentimos ira no es una ira budista, una ira hinduista, o una ira cristiana. La ira es ira. Cuando a resultas de esta ira nos sentimos agitados, la agitación no es una agitación cristiana, judía o musulmana. La enfermedad es universal y el remedio debe ser universal.
La Vipassana es este remedio. Nadie puede objetar a un código de vida que respeta la paz y la armonía de los demás. Nadie puede objetar el desarrollo del control sobre la mente. Nadie puede objetar al desarrollo de la visión cabal de nuestra propia naturaleza para posibilitar la liberación de la mente de sus negatividades. La Vipassana es un sendero universal.
Observar la realidad tal y como es, observando la verdad interior, uno se conoce a sí mismo directamente a través de la experiencia. Con la práctica nos liberamos de la desdicha que acarrean las contaminaciones. Partiendo de la verdad externa, burda y aparente, penetramos en la verdad última de la mente y la materia. Esto también terminan por trascenderse y se experimenta una verdad que esta más allá de la mente y la materia; más allá del tiempo y del espacio, más allá del campo condicional de la relatividad: la verdad de la liberación total de todas las contaminaciones, de todas las impurezas, de todo el sufrimiento. No importa el nombre que se de a esta verdad última, es la meta final de todos nosotros.
¡Ojalá que experimentes esta verdad última! ¡Ojalá que todos se liberen de las contaminaciones y de la desdicha! ¡Ojalá que todos gocen de una paz autentica, una paz real, una armonía real!
PUEDAN TODOS LOS SERES SER FELICES
El texto esta basado en una charla dada por el señor. S. N. Goenka en Berna, Suiza.
El texto esta basado en una charla dada por el señor. S. N. Goenka en Berna, Suiza.
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